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Un Mensaje de Esperanza en Adviento y Navidad

December 9, 2014

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DEL OBISPO DIETSCHE:
 
Soy la voz del que clama en el desierto, "Hagan rectos los caminos del Señor”. Es Juan el Bautista invocando al profeta Isaías.  Adviento es una estación de las más desesperadas expresiones de esperanza en un Dios justo y misericordioso, y esta estación le pertenece a estos dos: el gran profeta hebreo y el heraldo del Mesías. En estas semanas las palabras de Isaías y de Juan se escucharán en nuestras iglesias, cuando meditemos otra vez sobre su súplica ante Dios para que oiga el clamor de los acongojados y de los desmoralizados por la restauración, el perdón, y finalmente su demanda por que el Dios de justicia sea justo. Que el autor de la creación haga todas las cosas nuevas. Cuando el Señor restauró las fortalezas de Sión, entonces fuimos como aquellos que sueñan.

 
Pero siempre la demanda por justicia está ligada al lenguaje de un arrepentimiento verdadero ante Dios mezclado con anhelo y necesidad, y de espíritus acongojados y desmoralizados. Aun en medio de nuestro cansancio en un mundo de maldad escuchamos que la justicia no es un juego de la suma cero – justicia para mí o  justicia para usted – más bien esa justicia para todos se encuentra en la  responsabilidad de que todas las personas unidas (y tal vez hasta Dios mismo) tienen la verdad, y esa verdad debe ser para siempre redescubierta, nuevamente encontrada,  frescamente discernida. Una perla de gran valor. Un tesoro en un campo. Entonces sucede que en Adviento cuando leemos nuestros textos, cantamos nuestros himnos, y recitamos nuestros poemas llamamos a  vigilar, a observar, a hacer antesala en esperanza. Una voz nos sorprende. Es el grito de guardias rampantes. ¡Despierta, Jerusalén!  ¡Levántate!  Durante las largas y frías noches de Adviento se nos llama a estar presentes, a poner atención,  puede ser que incluso ahora Dios esté haciendo algo nuevo.


Escribí el borrador de esta meditación de Adviento luego de que el oficial de policía que mató a Michael Brown fuese exonerado de cargos. Lo estoy revisando esta noche horas después de que el oficial de policía que mató a Eric Garner fuese exonerado de cargos. Tal vez el mundo solamente en la muerte puede ver cuán absolutamente importaban estos hombres que se creyó que eran prescindibles. Si tu Señor fueras a notar lo desatinado que se hace, Oh  Señor, ¿quién quedaría de pie? La semana pasada el Obispo Shin y yo participamos en un encuentro de oración interfé post-Ferguson en la Iglesia Bautista Primera de Corintios en Harlem. Formé parte de un panel en escena y se me hicieron dos preguntas específicas por parte del pastor anfitrión: ¿por qué es tan difícil tener una conversación sobre razas en América? y, ¿cómo podemos ayudar a la gente a tener una conversación honesta acerca del privilegio blanco?  Respondí a esas preguntas, pero en verdad, no sé cómo empezar aunque sé que debemos. No sé cómo, porque estas preguntas son personales para cada uno, y sabemos que tendrán un costo, así es que hemos visto que es más fácil evitarlas y pretender que estamos lejos de todo eso. Pero, sé también que nosotros como americanos debemos empezar a hablarnos el uno al otro, porque casi nunca nuestra falta de dar la cara a esas preguntas nos cuesta más, y nosotros en la iglesia tenemos una responsabilidad especial en esto. Porque en esta estación de dolor tras dolor, de frustración e indignación y culpa, ningún Adviento se ha sentido tan urgente. No ha habido un clamor tan personal. Ni una justicia tan elusiva. Ni unos corazones tan acongojados.

 

Después de estas cuatro semanas nuestras iglesias se llenarán para la celebración de Navidad. Las esperanzas y los temores de todos los años se encuentran en ti esta noche. Todos aquellos que constituyen la vida de la iglesia,  día a día, domingo a domingo y miles más que andan por su propio camino espiritual se juntan en nuestras casas de oración para ver otra vez el pesebre de Belén y mirar otra vez al niño del misterio y prodigio. ¿A quién buscamos? ¿Qué estamos buscando? Tal vez al fin veremos que estamos dispuestos a ver y aprender lo que esperamos aprender. Pero una cosa de la que podemos estar seguros es que en la Judea rural yace un niño en la más abandonada pobreza, cuyos padres eran extraños en la ruta, quien probablemente nació en la calle, en el suelo, en el frío (para el record de los que leen el evangelio, no hubo establo, ni mano extendida en bondad), y en cualquier caso ¿quién yacería en un lecho de comida para animales? porque en esa noche, entre esas gentes, “no había un lugar para ellos”.  
 

En Navidad celebraremos el nacimiento del prescindible, del niño innecesario, el no deseado, el ignorado, el invisible niño de carencias – el infante Hijo del Hombre quien hasta en su comienzo no tenía un lugar para colocar su cabeza. No perdamos el punto cuando damos obsequios en su nombre, cuando festejamos en su honor, que cada ser humano es una morada digna para que habite  Dios. Que la encarnación del Santificado es la santificación  de todos, que la venida de Jesús es la elevación de los pobres olvidados. Porque Dios mira sobre nosotros por medio de los ojos de una economía diferente, y ve lo que el mundo pasa por alto, y aprecia lo que el mundo desperdicia, y premia al prescindible. Esta noche volví a ver la grabación de los momentos finales de Eric Garner, y vi como lo forzaban una y otra vez contra al suelo y creo que detrás del tumulto, oí el lamento susurrante de Dios: ¡mi hijo! ¡mi hijo!


Todas estas cosas son un misterio para nosotros, una maravilla, pero de alguna manera nosotros entendemos que en el nacimiento del niño de Navidad – en particular el torrente del amor de Dios, y en las propias lágrimas de Dios – está la respuesta al clamor por justicia durante el Adviento. Y el Nuevo Mundo de nuestra esperanza.  
 

 
El Rvdmo. Obispo Andrew M.L. Dietsche
Obispo de Nueva York

 

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DEL OBISPO SHIN:
 
 
Adviento es una estación de hacer antesala en esperanza. En el resultado de Ferguson, la noción de hacer antesala esperanzado no podía ser más apropiada y conmovedora para este Adviento. La nación entera está esperando en esperanza por algún nuevo comienzo de reconciliación racial en Ferguson y en toda la nación. El racismo ha envenenado el tejido social de este país por mucho tiempo.  Thomas Merton describe al infierno  como un lugar o situación “donde nadie tiene nada en común con los demás excepto el hecho de que todos se odian el uno al otro y no pueden escapar el uno del otro y ni de ellos mismos".


El racismo es un infierno existencial, y esta nación ha quedado atrapada en este infierno por demasiado tiempo. Nadie vive fuera de este infierno. Este demonio se alimenta de la división, el odio, y el temor del uno al otro. Debemos reconocer esta enfermedad sistémica que nos mantiene atados a la injusticia.
 

Es hora de que trabajemos para encontrar la salida a esta atadura sistémica, es hora de empezar la conversación honesta, verdadera  sobre este problema. Es hora de enfrentar a y lidiar con esta enfermedad sistémica juntos como el pueblo de Dios.  El martes antes del día de Acción de Gracias el Obispo Dietsche y yo participamos en un servicio de oración interfé en la iglesia Bautista Primera de Corintios en Harlem, organizado por el Centro de Interfé de Nueva York. Líderes de la comunidad cristiana, musulmana y judía ofrecieron las oraciones y reflexiones seguidas por una conversación sobre racismo en América. Fue una conversación honesta y difícil. Pero, fue una conversación sanadora y reconciliadora, que nos acercó en un compromiso renovado con la justicia y la verdad.


Es fácil hablar de la necesidad por una reconciliación, la necesidad de tener calma y ser racional, la necesidad de la no-violencia, amor y paz, etcétera. Tal retórica particularmente viniendo de los líderes políticos y expertos es francamente poco útil, barata y hasta ofensiva en este momento, como si el racismo en este país fuese un asunto fácil de resolver. Como Dietrich Bonhoeffer, yo no soy uno para la gracia barata. La injusticia racial es tan profundamente penetrante en el tejido  social, político, legal y económico y las instituciones de esta nación que es difícil ver la luz al final de este oscuro túnel. El arduo trabajo por delante empieza con una conversación honesta, verdadera, y difícil, la conversación que puede lograr la conversión de corazones y la transformación de la nación. Es hora que descubramos y valoremos la humanidad  común de cada uno cualquiera que sea el color de la piel de uno, cualquiera sea la religión de uno, cualquiera sea el antecedente étnico y cultural de uno, y cualquiera sea la posición socio-económica de uno. Todos somos creados en a imagen de Dios, y, así, cada vida humana es sagrada. Cada vida humana es preciosa en los ojos de Dios.
 

Yo, por uno, siento alivio de que la gracia es la obra de Dios y no un esfuerzo humano. Por lo tanto, puedo tener esperanza, esperar en esperanza, vivir en esperanza y predicar en esperanza. Puedo desesperarme en el pecado humano, pero puedo esperar en la gracia redentora de Dios, porque la gracia de Dios es imparable y no depende del poder humano. De eso se trata la esperanza del Adviento. Esta esperanza invita a cada uno a participar en la obra de Dios de la gracia redentora en la venida de Cristo. Pero, solo podemos llegar a ella en la vulnerabilidad. Debemos arriesgar el cambio que la gracia puede traer a nuestros corazones, en nuestras comunidades y en nuestra nación.
 

Si Navidad significa algo, es que la respuesta a la condición humana no tiene que encontrarse en las estrellas, los cielos, la riqueza material, y los poderes mundanos, sino en un pequeño bebé, envuelto en pañales y yaciendo en el pesebre. Es en este niño que nosotros encontramos la respuesta a nuestra búsqueda por la esperanza, paz, gozo, y amor. Aquí la esperanza de la humanidad se renueva continuamente. Dios es para ser redescubierto en la vulnerabilidad de un niño, quien está listo para abrazar a cada uno(a) y a todos nosotros(as) con brazos abiertos de amor. Así que, ven a casa a Jesús esta Navidad y sé bendecido(a) por su amor y su gracia.
 


El Rvdmo. Obispo Allen K. Shin
Obispo Sufragáneo de Nueva York

 

 


Bishops' Advent Messages

December 5, 2014

For Spanish, Click here

 

AN ADVENT AND CHRISTMAS MESSAGE OF HOPE

 

FROM BISHOP DIETSCHE:

 

 

I am the voice of one crying out in the wilderness, "Make straight the way of the Lord." It is John the Baptist invoking the prophet Isaiah. Advent is the season of the most desperate expressions of hope in a just and forgiving God, and the season belongs to these two: the great Hebrew prophet and the herald of Messiah. Over these weeks the words of Isaiah and John will be heard in each of our churches, as we contemplate again their plea before God to hear the cry of the broken-hearted and broken-spirited, for restoration, for forbearance, and finally their demand that the God of justice be just. That the author of creation make all things new.  When the Lord restored the fortunes of Zion, then were we like those who dream.

 

 

But always the demand for justice is tied to the language of a true repentance mingled with yearning and need, and of spirits broken and troubled before God. Even through our exhaustion in a world of wrongdoing we hear the conviction that justice is not a zero-sum game -- justice for me or justice for you -- but rather that justice for all is found in the accountability that all people together (and even God himself perhaps) have to truth, and that truth must be forever rediscovered, newly found, freshly discerned. A pearl of great price. A treasure in a field. So it is that in Advent we read in our texts, we sing in our hymns, we recite in our poetry the call to wakefulness, to watching, to waiting in hope. A voice astounds us. It is the shout of rampart guards! Awake, Jerusalem!  Arise! Through the long dark nights of winter Advent we are called to attend, to pay attention, that it may be that even now God is doing a new thing.  

 

 

I wrote the draft of this Advent meditation following the non-indictment of the police officer who killed Michael Brown. I am revising it tonight in the hours following the non-indictment of the police officer who killed Eric Garner. Perhaps only in death could the world see how very much these men, who were believed to be expendable, absolutely mattered. If you Lord were to note what is done amiss, O Lord, who could stand? Last week Bishop Shin and I participated in an interfaith post-Ferguson prayer gathering at First Corinthians Baptist Church in Harlem. I was part of an on-stage panel and was asked two specific questions by the host pastor: why is it so hard in America to have the conversation about race; and, how can we help people have an honest conversation about white privilege? I gave answers to those questions, but in truth, I don't know how to start, though I know that we must. I don't know how, because these questions are personal to everyone, and we know that they will be costly, so that we have seen that it is much easier to avoid them and pretend that we are past all that. But as well do I know that we must as Americans begin to talk to one another, for rarely has our failure to face these questions cost us more, and we in the church have a special responsibility for this. Because in this season of grief upon grief, of frustration and anger and guilt, no Advent has ever felt so urgent. No prophetic cry so personal. No justice so elusive. No hearts so broken.  

 

 

After these four weeks our churches will fill for the Christmas celebration. The hopes and fears of all the years are met in thee tonight. All those who make the day-to-day, Sunday-to-Sunday life of the church, and thousands more who walk their own spiritual road will come together in our houses of worship to peer again into the creche of Bethlehem and look again on the child of mystery and wonder. Whom de we seek? What are we looking for? Perhaps in the end we will see what we are disposed to see and learn what we expect to learn. But of one thing we can be certain. In rural Judea lay a child of forsaken poverty, whose parents were strangers on the road, who was born probably outside, on the ground, in the cold (for the gospeller records no stable, no outstretched hand of kindness), and who in any case will be laid on a bed of animal feed for on that night among those people "there was no place for them."  

 

 

On Christmas we will celebrate the birth of the expendable one, the unneeded and unwanted boy, the unnoticed and unseen child of want -- the infant Son of Man who even at his beginning had no place to lay his head. May we not miss the point, as we give gifts in his name, as we feast in his honor, that every single human person is a fitting dwelling place for God. That the enfleshing of the Holy One is the sanctification of everybody, that the coming down of Jesus is the raising up of the forgotten poor. For God gazes upon us through the eyes of a different economy, and sees what the world overlooks, and cherishes what the world throws away, and prizes the expendable. Tonight I watch again the tape of Eric Garner's final moments, and see him again and again forced to the ground, and I believe I hear behind the tumult the whispered lamentation of God:  my son!  my son!  

 

 

All these things are a mystery to us, a wonder, but somehow we understand that in the birth of the Christmas child -- in that particular outpouring of the love of God, and in God's own tears -- is the answer to the Advent cry for justice.  And the New World of our hope.  

Dietsche sig  

 

 

 

 

The Rt. Rev. Andrew M.L. Dietsche

Bishop of New York

 

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FROM BISHOP SHIN:

 

Advent is the season of waiting in hope. In the aftermath of Ferguson, the notion of hopeful waiting could not be more appropriate and poignant for this Advent. The whole nation is waiting in hope for some new beginning of racial reconciliation in Ferguson and across the nation. Racism has poisoned the social fabric of this country too long. Thomas Merton described hell as a place or a situation "where no one has anything in common with anybody else except the fact that they all hate one another and cannot get away from one another and from themselves." Racism is such an existential hell, and this nation has been stuck in this hell far too long. No one is living outside this hell. This demon thrives in division, hatred and fear of one another. We must recognize this systemic illness which keeps us all in the bondage of injustice. 

 

 

It is time we work our way out of this systemic bondage. It is time we begin the honest, truthful conversation on this issue. It is time we confront and deal with this systemic illness together as God's people. On Tuesday before Thanksgiving Day, Bishop Dietsche and I participated in an interfaith prayer service at First Corinthian Baptist Church in Harlem, organized by the Interfaith Center of New York. Prayers and reflections were offered by the Christian, Muslim and Jewish leaders of the community, followed by a conversation on racism in America. It was an honest and tough conversation. But, it was also a healing and reconciling conversation, which brought us together in renewed commitment to justice and truth.

 

 

It is easy to talk of the need for reconciliation, the need to be calm and rational, the need for non-violent love and peace and so on. Such rhetoric particularly coming from the political leaders and pundits are frankly unhelpful, cheap and even offensive at the moment, as if racism in this country is an easy issue to solve. Like Dietrich Bonhoeffer, I am not one for cheap grace. The racial injustice is so deeply pervasive in the social, political, legal and economic fabric and institutions of this nation that it is hard to see the light at the end of this dark tunnel. The hard work ahead begins with an honest, truthful, and difficult conversation, the conversation that can bring about the conversion of hearts and the transformation of the nation. It is time we discover and value the common humanity of everyone whatever one's skin color, whatever one's religion, whatever one's ethnic and cultural background, and whatever one's socio-economic position. We are all created in the image of God, and, thus, every human life is sacred. Every human life is precious in the sight of God.

 

 

I, for one, am relieved that grace is God's work and not a human effort. Thus, I can hope, wait in hope, live in hope and preach hope. I may despair in human sinfulness, but I can hope in God's redemptive grace, because God's grace is unstoppable and does not depend upon human power. That is what Advent hope is all about. This hope invites everyone to participate in God's work of redemptive grace in the coming of Christ. But, we can only come to it in vulnerability. We must risk the change grace will bring in our hearts, in our communities and in our nation. 

 

 

If Christmas means anything, it is that the answer to the human condition is not to be found in the stars, the skies, the material wealth, and the worldly powers, but in a little babe, wrapped in swaddling cloths and lying in a manger. It is in this child we find the answer to our search for hope, peace, joy and love. Here the hope of humanity is continually renewed. God is to be discovered in the vulnerability of a child, who is ready to embrace each and every one of us with open arms of love. So, come home to Jesus this Christmas and be blessed by his love and grace.

 

 

The Rt. Rev. Allen K. Shin

Bishop Suffragan of New York


Bp Dietsche on the Garner and Brown Grand Jury Decisions

December 4, 2014

Bishop Dietsche today wrote as follows to the people of the Diocese in response to the grand jury decisions regarding the deaths of Eric Garner on Staten Island and Michael Brown in Ferguson, MO.

 

For the message as sent, please click here.

To read in Spanish, click here.

 

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Bp Dietsche's Address to Convention

November 15, 2014

The following is the full text of Bishop Dietsche's address on the morning of Nov 15, 2014, to the 238th Convention of the Diocese, held in Tarrytown, NY, Nov 14 -15.


For a statement by Bishop Dietsche regarding diocesan response to the Ebola crisis, please click here.

For a statement by Bishop Dietsche regarding General Theological Seminary, please click here

 

For Bishop Shin's Report to convention, click here.

 

For Bishop Shin's sermon at the convention Eucharist, click here.

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Bp Dietsche on the Ebola Crisis

November 15, 2014

The following is the text of a statement regarding the Ebola Crisis made Nov 15 by Bishop Dietsche to the delegates of the 238th Diocesan Convention, meeting in Tarrytown NY. Read more...

Bp Dietsche on General Seminary

November 15, 2014

The following is the text of a statement regarding General Theological Seminary made by Bishop Dietsche on Nov 15 to the delegates to the 238th Diocesan Convention meeting in Tarrytown, NY. Read more...

Bishop's Crosses for Haller and Burns

November 15, 2014

At the 238th Diocesan Convention held in Tarrytown Nov 14 and 15, Bishop Dietsche awarded the Bishop's Cross to the Rev. Br. Tobias S. Haller, BSG and to Carla Burns. Please see below for the citations accompanying the awards. Read more...

Bishop Shin's Diocesan Convention Sermon

November 15, 2014

The following is the text of the sermon delivered by the Rt. Rev. Allen K. Shin, Bishop Suffragan of New York, at the Eucharist held at the 238th Convention of the diocese, Saturday, Nov 15, 2014. Read more...

Bishop Shin's Convention Report

November 14, 2014

The following is the text of the report delivered by the Rt. Rev. Allen K. Shin, Bishop Suffragan of the diocese, at the diocesan convention, Nov 14, 2014.

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Bp Dietsche Writes on GTS Crisis

October 19, 2014

Bishop Dietsche today sent a letter by email to the people of the Diocese of New York, explaining his position and actions as a member of the board of the General Theological Seminary, regarding the current crisis at that institution. The full text follows.

The email as sent may be viewed here.

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Bishop Dietsche's Installation Sermon

February 6, 2013

For a printable pdf version of this sermon
click here

 

Sermon delivered by

 

The Right Reverend Andrew M.L. Dietsche
XVI Bishop of New York

at the

Recognition, Investiture and Installation
of the XVI Bishop of New York

The Cathedral Church of Saint John the Divine

 

Saturday, February 2, 2013

The Feast of the Presentation of Our Lord in the Temple

 

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Text of Dr. Ann Ulanov's Hobart Lecture Published

October 10, 2012

The text of Dr. Ulanov's 2012 Hobart Lecture In Praise of Space is available here.


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